Comprar o vender una gestoría cómo funciona el mercado

Comprar o vender una gestoría o asesoría: cómo funciona el mercado en España

Hace diez años, un titular de gestoría que quería jubilarse tenía básicamente dos opciones: encontrar a un empleado o a un hijo que quisiera continuar, o cerrar y despedirse de los clientes uno a uno. Hoy hay una tercera, y es la que más se está usando: vender el despacho a otro que quiere crecer.

El mercado existe, tiene compradores con dinero y tiene reglas propias que no se parecen a las de la venta de cualquier otra empresa. Aquí se compra una cartera de clientes que puede irse andando si el traspaso se hace mal, y eso condiciona el precio, la forma de pago y hasta cuánto tiempo tiene que quedarse el vendedor después de firmar.

Este artículo recorre cómo funciona ese mercado por dentro: por qué se mueve ahora, qué se compra realmente, cómo se pone precio, cuánto dura el proceso y qué ocurre con el equipo y con los clientes. Hay un bloque final para quien está pensando en vender y otro para quien busca comprar.

Un sector de 65.000 despachos en el que casi ninguno tiene tamaño

Las estimaciones de las firmas especializadas en operaciones del sector sitúan en torno a 65.000 el número de despachos profesionales en España. La cifra impresiona menos cuando se mira el tamaño medio: alrededor del 78% factura menos de 500.000 euros al año y solo un 10% supera el millón. Entre medias queda un 12% escaso.

La foto de plantilla va en la misma dirección. Según los datos del Directorio Central de Empresas para el CNAE 6920, que agrupa contabilidad, teneduría de libros, auditoría y asesoría fiscal, prácticamente la mitad de las unidades registradas no tiene ni un solo trabajador asalariado. En las que sí lo tienen, la mediana ronda los tres empleados.

Geográficamente el mercado está concentrado. Madrid reúne aproximadamente una cuarta parte de los despachos, Cataluña se acerca al 22% y la Comunidad Valenciana aparece como tercer polo. Son las zonas donde primero han desembarcado los grupos que compran.

Esta atomización explica casi todo lo demás. Un despacho de tres personas no puede repartir entre muchos clientes el coste de renovar el software, formar al equipo en cada cambio normativo o montar una estructura comercial. Crecer por dentro es lento y caro. Comprar al de al lado, no tanto.

Por qué hay tantas asesorías en venta ahora

Los titulares están cerca de la jubilación

El Consejo General de Economistas viene señalando que la edad media de los socios y responsables al frente de despachos de servicios profesionales y auditoría se sitúa alrededor de los 58 años. Con la edad ordinaria de jubilación entre los 65 y los 67, buena parte del sector tiene la decisión encima de la mesa dentro de esta década.

No hay relevo por dentro

Lo que antes se resolvía dejando el despacho al empleado de toda la vida hoy falla por falta de candidatos. Los mismos datos del Consejo General de Economistas apuntan a una caída cercana al 70% en las nuevas incorporaciones de profesionales a firmas del sector entre 2011 y 2021, de unas 1.900 anuales a menos de 600. Cuando no hay a quien pasarle el testigo dentro, la venta a un tercero se convierte en la única forma de convertir en dinero cuarenta años de trabajo.

La inversión que exige mantenerse al día ya no cabe en un despacho pequeño

Digitalización de procesos, obligaciones de facturación electrónica, cambios normativos constantes y clientes que esperan poder consultarlo todo desde el móvil. Cada una de esas cosas cuesta dinero y horas, y las dos escasean en una firma de tres personas que factura 200.000 euros.

Han aparecido compradores con capital

Es la novedad de los últimos años. ETL Global, el grupo más activo en el segmento de la pequeña y mediana asesoría, supera las 80 sociedades integradas en España, declara una facturación de 112 millones de euros en su red española y mantiene un objetivo de incorporar más de diez firmas al año; una de sus últimas operaciones destacadas fue la del despacho catalán Escura, que sumó más de 80 profesionales. También han entrado compradores del mundo del software, como Visma, que adquirió el 100% de la gestoría online TuGesto en febrero de 2025.

Para el titular que vende, esto cambia el panorama: ya no depende de que aparezca un comprador local dispuesto a endeudarse, porque hay grupos con procesos de compra montados y presupuesto asignado.

Qué se compra en realidad cuando se compra una asesoría

No se compran los ordenadores ni el local. Se compra la cartera, y dentro de la cartera no todo vale igual.

El sector distingue entre la iguala, la cuota fija que el cliente paga todos los meses por llevarle la contabilidad, los impuestos y las nóminas, y lo puntual, el trabajo extraordinario que se factura cuando surge: una renta, una herencia, una constitución de sociedad, una inspección. La iguala es lo que se paga bien porque es previsible. Lo puntual vale mucho menos a ojos del comprador, porque nada garantiza que se repita el año que viene.

De ahí sale la primera discusión de casi toda negociación. El vendedor mira su facturación total y el comprador mira solo la parte recurrente.

Las dos formas de cerrar la operación

Compra de participacionesCesión de cartera
Qué se adquiereLa sociedad entera, con su historiaLos contratos con los clientes
Pasivos anterioresLos asume el compradorSe quedan en la sociedad vendedora
Contingencias fiscales y laboralesVan dentroQuedan fuera, salvo la subrogación de personal
Marca y antigüedadSe conservanSe pierden salvo pacto expreso
Habitual enDespachos medianos con marca consolidadaDespachos pequeños y profesionales autónomos

La cesión de cartera es la fórmula predominante en el segmento micro, y tiene una lógica evidente: el comprador se lleva los clientes sin heredar una contingencia fiscal de hace seis años. A cambio, el vendedor se queda con una sociedad vacía que después habrá que disolver, y con la parte del precio que dependa de que esos clientes se queden.

Cómo se pone precio a un despacho

Hay dos formas de valorar y en la práctica se cruzan: sobre el EBITDA normalizado y sobre la facturación recurrente.

El EBITDA normalizado no es el beneficio que aparece en las cuentas. Es ese beneficio corregido, y la corrección más importante casi siempre es la misma: el sueldo del titular. Si el propietario se paga 24.000 euros al año porque el resto lo saca vía dividendo, el comprador imputa lo que costaría contratar a un profesional que hiciera su trabajo, que serán 50.000 o 60.000, y el beneficio baja de golpe. Lo mismo con el alquiler si el local es del dueño y está por debajo o por encima de mercado, con el coche de empresa y con los ingresos que no se van a repetir. En pymes españolas, la diferencia entre el EBITDA de los libros y el normalizado suele moverse entre el 15% y el 30%.

La facturación recurrente se usa sobre todo en despachos pequeños, donde el EBITDA es tan dependiente de lo que se pague el titular que deja de ser un indicador fiable. Se valora sobre la suma de igualas anuales.

Sobre esas bases se aplica un múltiplo, y el múltiplo no es una constante: se mueve con el tamaño del despacho y con la calidad de la cartera. Los rangos concretos, con sus tramos, los desarrollamos en el artículo sobre cuánto vale una gestoría o asesoría.

Lo que sube el precio y lo que lo hunde

Sube el peso de la facturación recurrente sobre el total: pasar de un 30% a un 60% de ingresos por iguala puede añadir entre medio punto y punto y medio al múltiplo. Suben también los contratos firmados y en vigor, un equipo que se queda, el software actualizado y con datos exportables, y unas tarifas que no lleven diez años congeladas.

Baja el precio la concentración de clientes: cuando uno solo pesa más del 10% o el 15% de la facturación, el comprador descuenta. Baja la dependencia del titular, que en este sector tiene nombre propio, key man risk, y consiste en que la fidelidad del cliente está en la persona y no en el despacho. Y baja el desorden, entendido como expedientes en papel, software sin exportación limpia y procesos que solo entiende quien lleva veinte años haciéndolos.

Estos criterios explican cómo se forma un precio, no cuál es el tuyo. Ponerle número a un despacho concreto exige ver las cuentas, la cartera y los contratos.

El proceso, paso a paso y con plazos reales

Entre la primera conversación informal y la firma en notaría suelen pasar de cuatro a ocho meses. El calendario habitual es este:

  1. Contacto y confidencialidad. Antes de enseñar un número se firma un acuerdo de confidencialidad. La información se entrega por capas, empezando por datos agregados sin nombres de clientes.
  2. Carta de intenciones. Fija la valoración de partida, la estructura de cobro, un periodo de exclusividad y el alcance de la revisión posterior. No es el contrato, pero marca el terreno.
  3. Due diligence. Revisión financiera, fiscal, laboral y legal. Aquí es donde aparecen las sorpresas y donde se ajusta el precio a la baja si las hay.
  4. Contrato y firma. Redacción del contrato definitivo, con las garantías, las cláusulas de retención y el pacto de no competencia.
  5. Acompañamiento. Empieza el día después de firmar y es tan importante como todo lo anterior.

El precio no se cobra de una vez

Es la parte que más sorprende a quien vende por primera vez. Lo normal es cobrar entre el 50% y el 70% al contado en el momento de la firma, y dejar el resto aplazado entre uno y tres años, condicionado a que los clientes sigan ahí.

Ese tramo diferido se conoce como earn-out y suele llevar asociada una cláusula de ajuste que descuenta del pago las igualas que se den de baja durante el periodo de garantía. El mercado considera normal perder entre un 5% y un 10% de la cartera al año tras un cambio de titularidad, aunque conviene decir que no existe estadística oficial sobre esto: es el consenso de quienes intermedian estas operaciones. Por encima de esa horquilla se activan los descuentos.

El acompañamiento del titular saliente dura habitualmente entre 12 y 24 meses, y puede estirarse hasta 36 en firmas grandes. No es una formalidad: es el mecanismo con el que el comprador protege lo que ha pagado y el vendedor protege lo que le queda por cobrar. A eso se añade un pacto de no competencia que suele fijarse entre tres y cinco años.

Qué pasa con el equipo y con los clientes

Los trabajadores

Cuando lo que se transmite es una unidad productiva con su personal adscrito, se aplica el artículo 44 del Estatuto de los Trabajadores. El comprador se subroga en los contratos con su antigüedad, su categoría y sus condiciones, y durante tres años comprador y vendedor responden solidariamente de las obligaciones laborales anteriores al traspaso.

Esto tiene una consecuencia práctica que conviene anticipar: una plantilla veterana con indemnizaciones potenciales altas o con condiciones por encima de convenio es un motivo habitual de retención de parte del precio o de descuento directo.

Los clientes y sus datos

Circula por el sector la idea de que hay que pedir permiso firmado a cada cliente para cederle sus datos al comprador. No es así. El artículo 21 de la LOPDGDD presume lícitas las transmisiones de datos personales derivadas de la transmisión de un negocio o de una rama de actividad, amparadas en el interés legítimo del artículo 6.1.f del RGPD, siempre que se garantice la continuidad del servicio.

Lo que sí hay que hacer es informar. El vendedor comunica previamente a sus clientes que la gestión de sus datos pasa al comprador, y el comprador dispone de un mes desde que los recibe para presentarse como nuevo responsable del tratamiento e indicar cómo ejercer los derechos, según el artículo 14 del RGPD. Durante la due diligence, además, el acceso del posible comprador a datos de clientes exige un acuerdo formal de confidencialidad o de encargo de tratamiento.

Cumplir con la norma es la parte fácil. La difícil es que el cliente no se vaya, y eso depende de cómo se le cuente y de quién se lo cuente. Lo desarrollamos en el artículo sobre cómo se traspasa una cartera de clientes.

El encaje concreto en materia de protección de datos y de subrogación depende de cómo se estructure la operación. Conviene que lo revise el abogado que la acompañe antes de firmar nada.

Quién puede comprar una gestoría y quién no

Este punto se pasa por alto en casi todo lo que se publica sobre el tema, y determina qué compradores se le van a acercar.

Gestoría administrativa. La actividad está reservada a gestores administrativos colegiados. Cuando el despacho se constituye como sociedad profesional, la Ley 2/2007 exige que la mayoría del capital social y de los derechos de voto pertenezca a socios profesionales colegiados. Un inversor sin habilitación no puede, por tanto, tomar el control sin más.

Asesoría fiscal, contable y laboral. No hay reserva legal de actividad equivalente, de modo que la propiedad del capital no está limitada a profesionales colegiados. Por eso pueden entrar grupos consolidadores y fondos. Otra cosa es la operativa diaria: la presentación telemática de declaraciones ante la Agencia Tributaria se canaliza a través de acuerdos de colaboración social, suscritos habitualmente por profesionales integrados en organizaciones como el Consejo General de Economistas, la AEDAF, la AECE o ASEFIGET.

La consecuencia práctica es sencilla. Un despacho que mezcla ambas actividades puede necesitar separarlas o estructurar la operación de otra forma para que el comprador que está interesado pueda comprarla de verdad. Detectarlo al principio evita perder cuatro meses.

Si estás pensando en vender

Antes de sentarte con nadie, conviene tener esto ordenado:

  • La cartera separada entre iguala y puntual, con antigüedad y facturación por cliente. Es lo primero que va a pedir cualquier comprador y lo que más tarda en prepararse.
  • Las cuentas de los tres últimos ejercicios y una idea clara de qué gastos son personales y cuáles del negocio.
  • La situación laboral del equipo: antigüedades, condiciones y cualquier desajuste con el convenio.
  • Los contratos con clientes, si existen por escrito. Si no existen, empezar a formalizarlos sube el valor de la cartera.
  • El estado del software y si los datos se pueden exportar sin drama.

Y una decisión previa a todo lo anterior: cuánto tiempo estás dispuesto a quedarte después de vender. Si la respuesta son tres meses, hay compradores que se caen de la lista.

Cuéntanos tu caso de forma confidencial. En el primer contacto no necesitamos documentación ni el nombre del despacho: basta con una forma de localizarte y una idea de la situación.

Si buscas comprar

El orden de revisión que evita pagar de más:

  • Rotación de clientes de los tres últimos años. Una cartera que pierde un 12% anual antes de la venta no va a comportarse mejor después.
  • Concentración. Quién pesa más del 10% y qué le ata al despacho. Un cliente grande que sigue ahí por amistad con el titular no es un cliente que se quede.
  • Dependencia del titular. Si todos los clientes hablan solo con él, lo que compras es una despedida.
  • Rentabilidad por cliente, no facturación por cliente. Hay carteras grandes que consumen más horas de las que pagan.
  • Pasivos laborales y encaje del equipo con la estructura que ya tienes.
  • Migración tecnológica. El coste de sacar los datos del software del vendedor y meterlos en el tuyo se paga con el precio de compra.

Cómo se hace esta revisión en detalle lo tratamos en el artículo sobre cómo evaluar la cartera de una asesoría antes de comprarla.

Accede a operaciones del sector y recibe información de las que encajen con lo que buscas.

Cómo trabaja EuroGestión 360 en estas operaciones

Una compraventa de despacho toca cuatro cosas a la vez: unas cuentas que hay que normalizar, una cartera que hay que analizar cliente a cliente, una estructura societaria que condiciona la forma de la operación y unas personas que pueden quedarse o irse. Mirar solo una de las cuatro es lo que hace que una operación se caiga en el mes cinco.

Analizamos la situación completa antes de proponer nada: qué se puede vender y bajo qué fórmula, qué valor tiene, qué compradores tienen sentido y qué habría que ordenar antes de salir al mercado. Con ese análisis sobre la mesa, el titular decide si vende, si prefiere fusionarse o si le interesa más esperar un año y preparar el despacho.

Coordinamos el proceso de principio a fin y cada profesional interviene en su terreno: el abogado mercantil en la estructura y el contrato, el fiscalista en la tributación de la operación, el laboralista en la subrogación. Nosotros mantenemos la visión de conjunto y llevamos la negociación.

La confidencialidad no es una cláusula que firmamos al final. Es la forma de trabajar desde el primer día: información por capas, identificación del despacho solo cuando hay un interlocutor serio con acuerdo firmado, y control de qué sabe cada parte en cada momento. En un sector donde todo el mundo se conoce y donde el cliente se pone nervioso a la primera señal rara, esto no es un detalle.

También trabajamos el lado comprador. Si tu despacho quiere crecer por adquisición, buscamos y analizamos operaciones que encajen con su tamaño, su especialidad y su zona.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto se tarda en vender una gestoría? Entre cuatro y ocho meses desde las primeras conversaciones hasta la firma, a lo que se añade el periodo de acompañamiento posterior, que suele ir de 12 a 24 meses. Preparar bien la información antes de salir al mercado acorta la parte de en medio.

¿Puedo vender solo la cartera de clientes y quedarme la sociedad? Sí, y es la fórmula más habitual en despachos pequeños. Se transmiten los contratos con los clientes y la sociedad se queda con su historia fiscal y sus posibles contingencias. Después habrá que decidir qué se hace con esa sociedad vacía.

¿Se enterarán mis clientes y mis empleados de que estoy vendiendo? No mientras el proceso se lleve bien. La identidad del despacho no se revela hasta que hay un comprador serio con acuerdo de confidencialidad firmado, y la comunicación a clientes y equipo se planifica para un momento concreto del calendario.

¿Puede comprar mi gestoría un fondo de inversión? Depende de la actividad. En asesoría fiscal, contable y laboral no hay reserva legal que lo impida. En gestoría administrativa constituida como sociedad profesional, la Ley 2/2007 exige que la mayoría del capital esté en manos de profesionales colegiados, lo que limita quién puede tomar el control.


Vender un despacho no se parece a vender una empresa industrial. Aquí el activo se puede levantar e irse, y por eso el mercado ha desarrollado tanto mecanismo de retención: pagos aplazados, acompañamientos largos, cláusulas de ajuste. Entender esas reglas antes de sentarse a negociar es lo que separa una operación que se cierra bien de una que se cae a mitad o que deja al vendedor cobrando la mitad de lo pactado.

Si tienes un despacho y te estás planteando qué hacer con él, o si quieres crecer comprando, cuéntanos tu situación y te decimos qué alternativas tienes.

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